Río Cinca. Torreciudad

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Megafonía, pasos y llaves – 0’41”

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Entradas y salidas – 0’40”

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Visita guiada en el exterior - 0’56”

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Campanas en Torreciudad - 1’05”

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Ambiente en el exterior – 0’35”

Fotos


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Entre dos grandes ríos buscamos la espiritualidad. Aprovechando la cercanía entre ellos visitamos dos lugares referentes pero muy distintos: Torreciudad y Panillo.

Llegamos a primera hora a Torreciudad hasta el punto de que casi somos los primeros visitantes. Nada más aparcar el coche paseamos tranquilamente por la explanada que distribuye todas las estancias y dependencias del complejo.

Las vistas hacia el Pirineo son abiertas y todavía lo son más hacia el sur, pero siempre con el embalse de El Grado como característica común de ambas.

Entramos en silencio en el templo donde se encuentra la Virgen de Torreciudad la que, hasta 1975, estuvo en una pequeña ermita visible y accesible desde la explanada junto a las ruinas de una antigua torre medieval.

Los tiempos cambian hasta en los lugares más tradicionales

Dentro dos trabajadores ultiman los preparativos para los cultos que se celebrarán durante el día. Al acercarnos para contemplar el retablo, uno de ellos nos cuenta de forma simplificada la historia del fundador del Opus Dei y del santuario, San José María Escrivá.

El silencio es absoluto hasta que sobre las diez menos veinte de la mañana, por megafonía, anuncian que a las diez habrá misa en la capilla de la Señora de Guadalupe y que todo el que lo desee puede pasar por los confesionarios.

Poco a poco, tres o cuatro personas van accediendo al templo y se arrodillan para realizar sus oraciones. De fondo se escuchan unos pasos, pasillo arriba pasillo abajo, de un sacerdote que camina con la cabeza baja sin apartar los ojos… del móvil. Los tiempos cambian hasta en los lugares más tradicionales.

En el exterior los vencejos y golondrinas se han despertado y realizan sus particulares pasadas junto a los muros; también junto a los muros, por uno de los porches laterales, sobre las criptas, una excursión guiada pasa junto a nosotros y es entonces cuando el guía les cuenta (y a nosotros de paso) que las personas que están bajando de dos furgonetas que han llegado hasta los pies de las escaleras del santuario, son diáconos que acuden a ayudar ya que hoy se celebra el Corpus.

Según pasan los minutos van llegando más coches, visitantes y trabajadores. Las campanas suenan de nuevo mientras podemos disfrutar de un paisaje, bello por la nieve que todavía permanece en las cumbres y por un pantano que no tiene ya más capacidad para cuando llegue el deshielo.

Silencio, campanas, viento, pájaros… Las personas se ven pero en esta ocasión no se escuchan. Emprendemos camino al monasterio budista de Panillo. Del Cinca hacia el Ésera.

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